Arcos es uno de los pueblos blancos más espectaculares de Cádiz: su casco antiguo se asoma al vacío sobre un enorme peñón cortado a pico sobre el río Guadalete. El plan número uno es subir al casco histórico y llegar hasta la Plaza del Cabildo, donde el Balcón de la Peña ofrece vistas al río allá abajo y todo el campo gaditano. A los niños les impresiona el precipicio y, sobre todo, les fascina que en la pared del peñón anidan cernícalos: con un poco de paciencia se ven volar las aves muy cerca, un plan gratis a partir de 4-5 años. El Castillo de Arcos de la Frontera, en el extremo del casco histórico, completa el recorrido por las alturas. Callejear por el laberinto de callejuelas blancas y cuestas empedradas funciona muy bien con niños a partir de 5-6 años; plantéaselo como una exploración ("a ver quién encuentra el siguiente arco") y lo recorreréis sin que se quejen.
En verano, el plan de agua está a las afueras: el embalse de Arcos forma una gran lámina junto al pueblo, con zona de ribera donde refrescarse y donde se practican actividades acuáticas, ideal para combinar con la visita al casco histórico a primera o última hora.
Jerez de la Frontera (30-35 km) tiene dos imprescindibles para familias: el Zoo Botánico y el espectáculo de los caballos de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. El Bosque (30 km) es la puerta del Parque Natural Sierra de Grazalema, con el sendero del río Majaceite entre El Bosque y Benamahoma —llano, umbrío y con una piscifactoría de truchas en el camino—. Zahara de la Sierra (40 km) tiene un embalse de aguas turquesa para bañarse y alquilar canoas en verano, coronado por una torre del castillo. Si buscáis playa, El Puerto de Santa María —con el Castillo de San Marcos y las playas de los alrededores— queda a menos de una hora, perfecto para alternar interior y mar.