Bizkaia combina una capital volcada en la cultura, una costa salvaje de acantilados y playas, y valles verdes hacia el interior. Con niños funciona especialmente bien porque mezcla museos, naturaleza y mucho aire libre sin grandes desplazamientos.
Bilbao es el corazón de la provincia. El Museo Guggenheim y su perro de flores Puppy, el Museo Marítimo de la Ría, el funicular de Artxanda con vistas a toda la ciudad y el parque de Doña Casilda, con estanque de patos y zona de juegos, forman el itinerario familiar básico. Es una ciudad muy caminable y bien comunicada.
La desembocadura de la ría lleva a Getxo, con el Puente Colgante —Patrimonio de la Humanidad— que se cruza en barquilla, el paseo de las grandes villas y playas como Ereaga y Arrigunaga. Barakaldo y la margen izquierda añaden centros comerciales, cines y ocio cubierto para los días de lluvia.
Hacia el este, la Reserva de la Biosfera de Urdaibai concentra naturaleza: Bermeo y su puerto pesquero, San Juan de Gaztelugatxe a un paso, y en Kortezubi el Bosque Pintado de Oma, un bosque-museo donde los árboles están pintados, con una ruta sencilla ideal para niños. En el extremo oeste, las Encartaciones esconden el mejor plan de fauna: Karrantza acoge BBK Karpín Fauna, un centro de recuperación de animales salvajes, además de las cuevas de Pozalagua.