A Guarda es uno de los destinos más interesantes de la provincia de Pontevedra para familias, y el Monte de Santa Trega es la razón fundamental. En la cima de este monte de 341 metros hay un castro galaico-romano de los siglos III-I a.C. muy bien conservado, con decenas de cabañas circulares de piedra reconstruidas que los niños pueden explorar a sus anchas. La vista desde la cima es impresionante: la desembocadura del Miño con Portugal al otro lado, el Atlántico abierto y las playas de abajo. Es uno de esos lugares que los niños recuerdan de verdad.
La bajada del monte lleva a varias playas tranquilas al pie del promontorio: la Praia do Muíño, la Praia do Fedorento y otras pequeñas calas de arena y piedra con aguas limpias, perfectas para un baño después de la subida.
El pueblo de A Guarda en sí es un animado puerto pesquero: la lonja, el paseo marítimo, los restaurantes de marisco junto al mar y la vista del estuario del Miño con la fortaleza de Valença al fondo crean un ambiente especial. Los niños disfrutan viendo los barcos de pesca llegar y del ambiente marinero del puerto.
Oia está a unos 15 km: el Monasterio de Oia es un convento cisterciense encajado entre las rocas y el mar, con una imagen muy impactante; el paseo por la costa hasta allí es muy bonito. Baiona queda a 30 km con la Fortaleza de Monte Real —paseo por las murallas sobre el mar— y la réplica de la Carabela Pinta, perfecta para niños. Tui está a unos 30 km: catedral fortaleza, casco histórico medieval y el puente internacional sobre el Miño hacia Valença, una excursión de hora y media perfecta para familias.
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