Huesca es la capital de provincia aragonesa más próxima al Pirineo. Aunque no es una ciudad grande, tiene un casco histórico bien conservado y es la base logística perfecta para explorar el Pirineo con niños.
La Catedral de Huesca es uno de los mejores ejemplos del gótico aragonés: la fachada con tres portadas esculpidas llama la atención de los niños, y el Retablo Mayor alabastrino del interior es extraordinario. El Museo de Huesca, en el antiguo Palacio Real de los Reyes de Aragón, tiene una colección de pintura aragonesa y una sala de arqueología romana y medieval. El Parque Miguel Servet, parque urbano principal de la ciudad, tiene zona de juegos infantiles y estanque. Para un plan diferente, el Espacio 0.42 Centro Astronómico Aragonés mezcla ciencia y astronomía de forma muy accesible para todas las edades.
La leyenda de la Campana de Huesca —el rey Ramiro II convocó a los nobles rebeldes para "fundir una campana que se oyera en todo el reino"— es uno de esos relatos históricos que a los niños les impresiona y que el casco histórico evoca muy bien al pasear.
Loarre (35 km) tiene el Castillo de Loarre, el románico más imponente de España: murallas, torres y vistas al Prepirineo, imprescindible. Riglos (35 km) tiene los Mallos de Riglos, paredes de conglomerado de 300 m sobre el pueblo, con una ruta de aproximación accesible para familias.
Alquézar (55 km) es el pueblo medieval sobre el río Vero, con pozas naturales para el baño en verano. Desde el Mirador O'Bicón y el Mirador del Vero las vistas sobre el cañón son espectaculares. Agüero (30 km) tiene los Mallos de Agüero y la Ermita románica de Santiago. Monte Aragón (6 km) tiene el Castillo-Monasterio en una pequeña colina a las afueras de Huesca.
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