Plasencia da mucho juego con niños: el plan estrella es el Parque de los Pinos, un parque urbano grande con mucha sombra, zonas de juegos y animales sueltos o en recintos —pavos reales, aves y otros— que encantan a los más pequeños. Para niños de 0 a 8 años es perfecto; los mayores también disfrutan. El río Jerte pasa por Plasencia y el parque fluvial con los paseos junto al agua es ideal para ir en bici, patinete o carrito, sobre todo en las horas de menos calor.
El casco antiguo monumental es abarcable a pie: la muralla medieval rodea la ciudad y se puede recorrer por tramos (a los niños les gusta imaginar que es un castillo), y las Catedrales Vieja y Nueva sorprenden por su tamaño. La Plaza Mayor con el autómata del Abuelo Mayorga —que da las horas en lo alto del Ayuntamiento— es un plan de minutos pero muy recordado por los niños.
En los alrededores, el Parque Nacional de Monfragüe está a menos de una hora al sur: el mirador del Salto del Gitano, frente al peñón con buitres y águilas imperiales, es fácil de visitar incluso con niños pequeños porque se ve desde el aparcamiento. El Valle del Jerte (30-40 km al noreste) tiene la floración del cerezo en primavera y en verano piscinas naturales y la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos con el sendero hasta Los Pilones, pozas y marmitas de gigante excavadas en la roca. La Vera, al este, tiene también gargantas y piscinas naturales para el verano.
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