Segovia es una ciudad perfecta para niños: compacta, llena de monumentos que impresionan visualmente y con un casco histórico que se recorre a pie en pocas horas. El Acueducto Romano es el primer impacto: una construcción de dos pisos de arcos de granito de 2000 años de antigüedad, 163 arcos, sin cemento de ningún tipo. Está en el centro de la ciudad y caminar bajo sus arcos o verlo desde las plazas a su alrededor siempre provoca asombro, también en los niños. El Mirador del Acueducto ofrece la perspectiva más fotogénica del conjunto, especialmente al atardecer.
El Alcázar de Segovia es el plan estrella para los niños: un castillo de cuento de hadas con torres puntiagudas y proa de barco sobre un escarpe rocoso, con interiores llenos de armaduras, escudos y maquinaria militar medieval, y una torre del homenaje a la que se puede subir con sus 156 escalones para ver Segovia desde arriba y entender por qué eligieron este promontorio. La Torre de Juan II es el punto más alto y la vista merece el esfuerzo.
La Catedral de Segovia, llamada la Dama de las Catedrales, impresiona por su tamaño desde fuera y tiene interiores muy ornamentados. El claustro es tranquilo y agradable. El Parque del Parral y el paseo junto al río Eresma dan acceso a la parte baja de la ciudad con la Vera Cruz —iglesia circular templaria— y el Convento del Parral. Para un plan de interior, los Cines Artesiete son una opción cómoda si el tiempo no acompaña.
En los alrededores, La Granja de San Ildefonso (12 km) guarda el Palacio Real con los jardines de fuentes más espectaculares de España, imprescindible. Pedraza (35 km) es el pueblo medieval más bonito y mejor conservado de la provincia, sin coches. En Coca (50 km), el Castillo de Coca, uno de los más bonitos de toda España, construido en ladrillo mudéjar, sorprende tanto a grandes como a pequeños. En Sepúlveda (55 km), las Hoces del Río Duratón permiten explorar el cañón con buitres sobrevolando y excursiones en canoa.