Trujillo es una villa monumental que se recorre andando y que a los niños les engancha por un detalle que ven nada más llegar: las cigüeñas. Hay nidos enormes encaramados en las torres, las iglesias y los tejados del casco antiguo, y observarlas —especialmente en primavera, cuando crían— es un plan gratis que entusiasma a los más pequeños.
El gran reclamo es el Castillo de Trujillo, en lo más alto del pueblo. La subida es una pequeña aventura para niños a partir de 4-5 años: callejuelas empedradas en cuesta, murallas con torres por las que asomarse y vistas amplísimas de la dehesa extremeña desde las almenas. Subiendo desde la plaza se atraviesa la parte vieja amurallada con la Alcazaba, con sus puertas y arcos antiguos. La Plaza Mayor es el corazón de la visita: una terraza para los adultos, la estatua ecuestre de Francisco Pizarro, y los escudos y gárgolas en las fachadas —buscarlos es un juego perfecto para niños de 5 a 10 años—. Trujillo también tiene iglesias históricas como Santa María la Mayor, donde a veces se puede subir a la torre.
Cáceres capital (45-50 km al oeste) tiene uno de los cascos históricos medievales mejor conservados de España, con callejones, murallas, torres y muchísimas cigüeñas —un planazo de día completo—. El Museo de la Computación añade una visita sorprendente para niños con interés tecnológico. Las Villuercas (hacia Guadalupe, 40 km) tienen naturaleza espectacular, miradores y el imponente Monasterio de Guadalupe.
Hacia el sur hay embalses de dehesa, campos ideales para ver cigüeñas, buitres y otras aves en libertad. Toda esta zona de Extremadura es un destino de primera para observar fauna salvaje.
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